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Tradición,
Religión y Espiritualidad.
Los
elementos que la integran la Tradición,
(entendida como la suma de
conocimientos y habilidades - esotéricas o no - que se han
acumulado con el paso del tiempo bajo una misma denominación
), no pueden ser ni demasiado puros ni demasiado diluidos. Si
bien es triste la mezcolanza de símbolos y significados que
hace la New Age, no deja de ser igualmente triste que la
máxima aspiración de un “tradicionalista” sea
sacrificar un cordero a la vieja usanza... Hay demasiadas prácticas
que se conservan en forma, pero perdieron hace tiempo el espíritu
que les dio sentido, deviniendo con ello, caminos cerrados.
Es
ese espíritu, ese significado, el objeto de la búsqueda
real: las formas - rituales, imágenes, nombres, prácticas,
costumbres... - sucumben bajo las pisadas del mismo tiempo sobre el
que el Espíritu cabalga. En ocasiones es el Espíritu
mismo el que abandona o destruye estas formas que quedan obsoletas o
se desvían del propósito principal. Así que,
obviamente, de nada va a servir tratar de invocarlo por medio del
rescate de aquello que él ha abandonado por si mismo.
Lo
mismo sucede con la religión. Es cansado escuchar una y otra
vez los enfrentamientos entre miembros de diferentes religiones, o de
diferentes ramas de una misma. Vivimos rodeados de multiplicidad de
cultos y devociones, como los ha habido en todas las épocas, y
así como no hay una sola forma de paganismo, sino muchas; no
hay tampoco un único cristianismo, o islamismo, etc. Existen
realmente tantas religiones como creyentes. Si añadimos el
hecho que los “representantes” de las diferentes religiones,
cultos o tradiciones suelen acabar traicionando los mismos principios
y comunidad que se supone que deberían defender, resulta
mucho más práctico tratar a cada individuo de una
manera particular, atendiendo a su propia configuración del
orden existencial.
En
otras palabras, la religión o tradición a la que uno de
adscriba no importa, lo que importa es aquello con lo que nos
enlazamos, y lo que hacemos con nuestras vidas. Tal como señala
Raimon
Panikkar, a próposito del hinduismo, se valora “antes
una ortopraxis, una acción correcta, que una ortodoxia, una
creencia correcta”.
¿Qué son
los Dioses? Se ha llamado dios a muchas fuerzas distintas, pero hay
otra pregunta más importante: ¿Qué es una
persona? Se da por hecho que es algo sabido de todos, pero, ¿es
así realmente? Cuando empiezas a cuestionar lo que es una
persona, empiezas a comprender algo acerca de lo que puede acabar
llamándose Dios; pues sólo podemos conocer a los
dioses a través del espacio que ocupan en la existencia
humana, así como la tinta invisible resulta ilegible hasta que
se expone al calor.
Conoce
a las personas y podrás intuir o deducir qué tipo de
fuerzas se agrupan a su alrededor, a cuales puede apelar, aún
de un modo inconsciente y sin conocer sus nombres, ve en que nivel se
encuentran los pensamientos, las palabras y las acciones de un
humano, y verás toda una jerarquía divina, desde
sencillas alegorías que encarnan un aspecto muy concreto de lo
ordinario, hasta la noción más abstracta que pueda
abarcar la totalidad.
Pero
verás también dioses que mienten, engañan,
apresan, y torturan a la humanidad, incluyendo a sus seguidores, o se
alimentan de su desgracia, dioses de los que más vale
guardarse. Del mismo modo que en tratados de demonología se
encuentran nombres de divinidades que, con un poco de cultura,
comprendemos que no tienen lugar ahí. Los nombres de los
dioses, o de otras entidades, por sí solos dicen poca cosa; un
mismo nombre puede designar realidades muy distintas: ve la persona
que lo pronuncia, y lo que hace con él, y podás
discernir a que tipo de fuerza se está refiriendo.
Sólo una cosa está clara, y es que los dioses no hacen
el trabajo que uno tiene que hacer por sí mismo. Y el trabajo
de un buscador no es sólo servir a los dioses, el
buscador es un héroe, en el sentido que le atribuyera Joseph
Campbell,
un humano que además de llevar a cabo los encargos que les son
encomendados por las divinidades, en no pocas ocasiones debe
enfrentarse igualmente a ellas desde la supuesta desventaja de
su humanidad.
NOTAS:
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