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Postpaganismo

La Promesa del Camino


A veces no empezamos la búsqueda desde la mejor posición, o con obvia desventaja. Buscamos y buscamos por caminos abruptos, removiendo las basuras buscando algo de alimento que nos mantenga en pie, con el consecuente riesgo de que lo que encontramos nos siente realmente mal y nos deje incapacitados por algún tiempo. Pero aún así, lo que no nos mata nos hace más fuertes, y algo más sabios, nos volvemos a levantar y seguimos con lo nuestro, porque pocas cosas se pueden comparar con la fuerza de ese llamado.

A medida que el tiempo, y uno va encontrando los retazos, las huellas de lo que va buscando, también se da cuenta de que muchas veces las cosas no son precisamente como las imaginaba, pero, sin embargo, la llama que nos lanzó a la búsqueda no pierde la capacidad de reconocer lo que es y lo que no es. Podemos mentirnos a nosotros mismos, y otros pueden tomarnos el pelo, pero ella sabe y se apresta a guiarnos, a corregir nuestro rumbo, a darnos ánimo... aunque en ocasiones tengamos que adentrarnos en la noche más oscura para atender a su resplandor.

De modo que, además de la habitual corte de charlatanes, vendecursos, buscadores frustrados y demás criaturas deleznables, uno llega a encontrarse aquellas personas que saben de la vida, de lo que la vida es... y lo que menos nos importa en ese momento es la tradición a la que pertenecen, en virtud de la autenticidad correspondida.

Y así uno se aleja del vertedero, se aleja también de las peleas con las ratas, de las emociones que agita el ver burlado aquello que uno respeta y la impotencia de no poder detener, por más que uno haga, todo cuanto en justicia esta mal...

Y se adentra casi sin darse cuenta en un bosque antiguo, de árboles gigantes, como un mundo a parte infiltrado en él corazón de la cotidianidad. Anda ligero como un venado a abrevarse al claro y fresco arroyo que por allí discurre, y calma su sed sin tener que temer la flecha del cazador, o el veneno en las aguas. Y puede luego acurrucarse y dormir, bajo el cielo estrellado y mecerse en la calidez del propio aliento, en calma. Y sabe que, aunque tal vez esté de paso en aquella bendita tierra, la promesa del camino no es una falsa promesa.

Vaelia Bjalfi * Equinoccio de Otoño de 2008
vaeliabjalfi@gmail.com


CONTENIDO

Pasado, presente, futuro

De Magia y otros recursos

Tradición, Religión y Espiritualidad

Antropocentrismo y Naturaleza

Materialismo y Hedonismo

Individualismo, egoísmo y falta de compasión

Sobre el aprendizaje

Autoridad y Disidencia

La Promesa del Camino



TEXTOS

Camino de sangre y camino del Relámpago

¿Para qué sirve el poder?

Comerciantes Vs Hacedores

Activistas Espirituales Inc.