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Pasado, Presente, Futuro.
La mayoría de los
que lean estas líneas nacieron en el s.XX y se encuentran en
algún territorio con acceso a internet, eso implica que han
sido vacunados de algunas enfermedades que en el pasado fueron
mortíferas, están bien nutridos, y han recibido una
educación básica, tienen refrigeradores y agua
canalizada, y conocen los aviones. Por todas esas aportaciones
culturales que forman ahora parte de nuestro medio cotidiano
se ha pagado un alto precio, muchas energías ajenas, el
intelecto y el trabajo de otros. Desgraciadamente, estas aportaciones
han dejado también sus consecuencias negativas, a la vez que
nuevos problemas aparecen en el horizonte.
Cada sociedad y dentro de
ella cada hombre/mujer digno de respeto, se ha encontrado con
problemas y ha tratado de encontrar soluciones acordes en su propio
tiempo y espacio. Para no romper
esta cadena debemos saber reconocer nuestros propio
tiempo y espacio, sus ventajas y problemas, y trabajar igualmente en
la búsqueda de soluciones acordes.
Sabemos que términos
como “pasado” y “futuro” son relativos, que la Vida real
transcurre en un presente continuo y cambiante. Tanto las utopías
como las distopías proporcionan un modelo a seguir o a evitar,
a partir de la selección de datos reales; pero no dejan de ser
creaciones mentales. Sin embargo, estos modelos que deberían
servirnos, acaban convirtiéndose en trampas: la trampa de
“cualquier tiempo pasado fue mejor, vivimos en decadencia”
y la trampa de “gracias al avance de la civilización todo
se resolverá”.
Podemos conservar y
documentar fragmentos de conocimiento que no se perdió
completamente, el mismo que tal vez nuestros sucesores entiendan
mejor que nosotros; pero no podemos resucitar aquello que ya ha
muerto. Podemos rescatar elementos del pasado que sigan vigentes, que
den resultados reales. Y podemos confiar en que próximas
generaciones tengan la capacidad de resolver ciertas cuestiones que
por ahora se nos escapan, pero para ello tenemos antes que empezar a
trazar ese camino que, a su debido tiempo, ellas recorrerán.
No podemos volver atrás,
a ese paraíso ideal del pasado que no existió, y
tampoco podemos esperar a que todo se resuelva en ese futuro feliz
que nunca llegará; es nuestro turno para aportar algo de
valor. Cualquier forma de evasión constituye, realmente, una
falta de respeto no sólo a los que nos precedieron en la tarea
de ser humanos, y a los que deberán relevarnos en la misma.
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