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Individualismo,
egoísmo y falta de compasión.
Sea cuál sea el
camino que recorremos, seamos conscientes o no de ello, en última
instancia estamos solos en él, somos individuos. En palabras
de Crowley;
Cada hombre y cada mujer es una estrella. Esto
equivale a decir que cada ser humano es intrínsicamente un
individuo independiente con su propio carácter y su propio
movimento.
Cada hombre y cada mujer tiene un curso,
dependiendo en parte de su propio yo, y en parte de su entorno, el
cual es natural y necesario para cada uno. Alguien que es forzado a
apartarse de su propio curso, sea por que él mismo no lo
entiende, o por causa de una oposición externa, entra en
conflicto con el orden del universo, y sufre como consecuencia de
eso.
Ser egoístas no
significa que despreciar a los demás, ni pisarlos para
alcanzar nuestros objetivos, ni jugar sucio. Para ser realmente
egoísta uno debe centrarse en lo que es, lo que quiere y lo
que necesita - y saber lo que no es, no quiere y no es su necesidad
-, confiar las propias fuerzas y capacidad para encontrar el camino
más adecuado para alcanzar sus objetivos. Si permanecemos
centrados, dejamos de compararnos con los demás, entendiendo
que cada persona tiene su vida, y a cada cuál le corresponde
la responsabilidad sobre la propia. Ser egoísta es no
delegarla en otros, y no apropiarse de responsabilidades ajenas.
No es contrario de
egoísmo el ser consciente de las propias limitaciones y obrar
de acuerdo con este conocimiento, que es el paso previo para
superarlas. Autoimponerse limitaciones es otra cosa, como falsear en
sociedad, también. Un momento álgido, un triunfo, no
dura por siempre porque la vida sigue donde los cuentos acaban con un
"final feliz"; no se trata de negar estos logros, ni
restarles a ellos su importancia o a nosotros méritos, sino de
ponerlo todo en perspectiva y no permitirnos bajar la guardia.
Si el egoísmo es
cuidar o preocuparse de uno mismo, no se trata de decir soy mejor que
tal o que cual, sino preocuparse de saber que es ese "uno mismo"
y estar conscientes de que es el material con el que vamos a trabajar
en esta vida, y nos corresponde esa responsabilidad intransferible
sobre él. Eso significa también ser conscientes de que
no podemos echar la culpa de nuestras desgracias a los demás,
o al mundo en general.
Como el título de
un libro de Shinoda Bolen, sencillamente, “Las brujas no se
quejan”. Siempre
me ha parecido muy, pero muy absurdo, cuando alguien se queja de que
"cree" que ha sido dañado por un ataque psi, y
empieza a buscar sospechosos y a planear una tremenda venganza... La
mayoría de personas no son dañadas por otros, sino que
emplean como excusa algo que no les gusta de otros para permitirse
cosas y actitudes que no son sanas y llenarse de basura (tipo rencor,
autocompasión, etc.) alimentando lo peor de sí para su
propio mal, en lugar de moverse y solucionar los problemas que no han
sabido -o realmente no han podido- evitar.
Eso también
significa que no podemos recibir o dar ayuda a otros: los otros deben
ayudarse a sí mismos, otra cosa es que podamos compartir con
ellos los medios o las claves para hacerlo. Ya va siendo hora de
asumir, por nuestro bien, este hecho y dejemos de considerar como
“buenos” aquellos que se deleitan en inmiscuirse en asuntos
ajenos porque temen ocuparse de los propios, o a los corderos que
suben por su propias patas al altar del sacrificio.
No hay nada más
despreciable que esa hipocresía de aquellos que ceban un ego
ciego con la excusa de estar ayudando a otros, aquellos siempre
dispuestos, armados con un arsenal de tópicos, de decir lo que
hay que hacer en cada momento, jugando con las esperanzas y temores
de aquellos que hacen bailar como títeres bajo ese resplandor
que no es más que una sombra inmensa, enredando sus cuerdas
hasta que ya no sirven más que para aumentar el montón
de despojos que dejan a su paso...
Y no hay nada más
triste que un sacrificio inútil, nada más triste de ver
como alguien se desgasta en intentos absurdos de cubrir las
necesidades de otro, para las que, en realidad, no tiene respuesta;
ver como se le escapa la vida tratando de llenar un cubo agujereado
en el fondo, como si se empeñara en inmolarse dándose
cabezazos contra la pared, perdida la razón. No puede hacer
nada por el otro, y lo que podría hacer por sí misma,
que sí es su responsabilidad, no lo hace.
Eso no significa que no
podamos relacionarnos satisfactoriamente con otros o vivir en
comunidad, sí se puede; si dejamos de lado este tipo de
relaciones de dependencia, si nuestra integridad, necesidades y
capacidades son respetadas, y a nuestra vez respetemos las de los
otros. La unión, o cualquier clase de compañerismo,
debe ser una suma de fuerzas, con la que todos ganen, no de
debilidades en la que todos pierden.
En palabras de Alfonso
Orozco: Ser árbol de frutos, no de leña.
Dado el caso del ataque, lo que menos me importa es de quien
provenga, porque lo que interesa es detenerlo y recuperarse. Se hará
lo necesario para detenerlo, eso sí, pero sin perder el tiempo
pensando en sacar algún beneficio al incrementar la desgracia
de un ser que por sí sólo está destruyéndose.
No es lógico mancharse con esas cosas, lo suyo es una cuestión
de tiempo y uno ya sabe sé que no ganará nada
llenándose la mente con rencores, sospechas y demás,
que podrían desgastarle más de lo que supuestamente ya
lo está.
No es compasión, que nadie se engañe; llegados al
extremo, si lo único que va a detener a una persona dañina
es su muerte, lo hará, pero no será la persona que se
esté defendiendo quien lo mate: sino él mismo a través
de sus propias acciones.
NOTAS:
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